Editorial
Se alza el telón
JAVIER RUIZ PORTELLA
"Contra la muerte del espíritu", reza el subtítulo de nuestra revista. Pero ¿qué espíritu, divino o maligno, es el que corre entre nosotros tan mortal peligro? Ninguno, en realidad: no son los espíritus imperantes en "el más allá" aquellos cuya desaparición nos inquieta de modo particular. Lo que realmente nos angustia, lo que ha hecho surgir el Manifiesto que nos da título, es el riesgo de aniquilación que -desde hace décadas, pero hoy más que nunca- corre todo lo espiritual. Y lo carnal, lo terrenal. Por eso añadimos: "Contra la muerte del espíritu y la tierra". Porque lo amenazado es, en últimas, algo tan espiritual como carnal: algo tan carnalmente espiritual, tan poco abstracto, como la belleza, la cultura, el pensamiento en torno a los cuales se abre un mundo. "Defender la cultura, el pensamiento, la belleza", dice el título de este primer número. De esto se trata, en efecto: de defender, como si nos fuera en ello la vida, lo más fundamental de todo: el aliento sin el cual nada tiene sentido; el impulso a través del cual el mundo y sus cosas -presentándose- cobran sentido y encanto, misterio y significación.El sentido de las cosas "¿Qué coño querrá decir ese tío? -podría exclamar, con su jerga habitual, cualquiera de nuestros contemporáneos-. ¡Ah! -añadirá quizás alguien un poco más versado-. Se está refiriendo a la utilidad de las cosas: lo más fundamental de todo, es cierto. Pero ¿por qué hablar entonces de cosas como el 'misterio' y el 'encanto'?"
La utilidad de las cosas, el provecho que, para su existencia material, el hombre extrae de los objetos que fabrica o de las cosas que en la naturaleza se presentan por sí mismas: tal es nuestro valor supremo; el único, en últimas. Todo lo domina la utilidad, todo lo rige el rendimiento -un frondoso, misterioso bosque también. Todavía un Baudelaire veía en el bosque "un templo de cuyos vivos pilares / confusas palabras emanan a veces". Ya nada emana del bosque: ninguna "palabra", ningún símbolo, ni confuso ni claro. Lo único que nos llega es el rechinar de las máquinas que hacen del bosque una eficiente explotación forestal; o el traqueteo de los coches que transportan a multitudes de anodinos turistas. La utilidad para el sustento, el provecho para la distracción: nuestros amos y señores. La utilidad, por ejemplo, de los muebles y edificios que pueblan nuestro entorno. Despiadadamente lisos, monótonamente rectos: ninguna curva aumentará, voluptuosa, el coste del producto; ningún ornamento disminuirá la velocidad del artefacto.
Todo son productos y artefactos. Como ese otro artefacto en que se ha convertido la ciudad, la polis: el espacio público. Lo que ahí domina, lo que da sentido, también es la utilidad: la prestación de eficaces servicios al ciudadano-cliente, a ese individuo que, evaluando los índices de productividad alcanzados por los unos o prometidos por los otros, adquiere cada cuatro años los servicios de una de las dos facciones que se reparten el poder.
Lo que se quiebra al producirse la tecnificación mercantilizada del mundo no es sólo el misterio de los bosques, el esplendor de los monumentos, la belleza de las ciudades. Son muchas otras cosas las que también se rompen. La belleza, por ejemplo, de un "arte" que, por primera vez en quince mil años, se pone a adorar la fealdad. O se quiebra la sociedad como tal, esa comunidad de vivos y muertos que, habiendo recibido mil configuraciones distintas -polis, imperium, reino, nación - se ve hoy reducida a un conjunto de átomos aglomerados por la soledad.
Todas las anteriores sólo son, sin embargo, expresiones de una quiebra mucho más fundamental. "Una comunidad de vivos y muertos", decíamos a propósito de la sociedad. Es en efecto el vivir y el morir, es el sentido mismo de nuestra presencia en el mundo lo que se rompe cuando desaparece la comunidad, cuando los "artistas" son los primeros en ultrajar la belleza, cuando nadie se sobrecoge ante la presencia misteriosa de las cosas, cuando las mercancías, tecnologías y productos se alzan -éste es el problema: no que existan- como piedra angular del mundo. Cuando muere, en una palabra, el espíritu -y con él, la tierra, la "carne" misma del mundo.
Y donde el espíritu no muere; donde, a trancas y barrancas, aún se mantiene un espíritu que bien poco tiene que ver con el nuestro, con lo que fue la civilización occidental; ahí, en este "tercer mundo" que, por un lado, planta cara a la concepción mercantilista de las cosas, mientras que, por otro, queda subyugado por sus productos y comodidades; ahí, en estos cuatro quintos del planeta en los que aún no muere del todo el espíritu, quienes de verdad mueren -y de hambre- son los hombres.
El surgimiento del Manifiesto
Porque la muerte del espíritu -el desvanecimiento del sentido- es lo más grave que puede ocurrir. Porque, por muelle que sea la "vida" que entonces nos queda, nos aboca a la peor de las muertes: a la más grotesca. Porque es grotescamente absurdo que, habiendo alcanzado el más fabuloso dominio sobre los mecanismos materiales de las cosas, perezcamos aplastados por esta misma materialidad. Porque si los adherentes al Manifiesto contra la muerte del espíritu y la tierra no tenemos absolutamente nada contra la materia y sus mecanismos, sus beneficios y utilidades, en cambio lo tenemos absolutamente todo contra el dominio al que nos someten. Por ello, exactamente por ello, es por lo que se lanzó el Manifiesto que nos da nombre.
Publicado en el mes de junio de 2002, convencidos sus promotores de que poca resonancia obtendrían tan inconvenientes ideas, tuvieron que constatar, sorprendidos, que el eco alcanzado era mucho mayor de lo que se habían imaginado. Pese a lo muy exiguo de los medios desplegados (publicación del Manifiesto en El Cultural del periódico El Mundo y apertura de una página web), un millar de personas, entre las que se cuentan destacadas figuras de nuestras artes, letras y pensamiento, han dado hasta ahora su apoyo a tales inquietudes. Se han celebrado diversas actividades públicas (conferencias, coloquios ) en varias ciudades españolas. La acogida que el Manifiesto ha obtenido en otros países, mediante su traducción y publicación en diversos idiomas, atestigua también la globalidad del malestar que nos mueve.
Ha llegado la hora de darle a todo ello el cauce de una publicación escrita. Al lanzar este primer número de El Manifiesto, cuya periodicidad será en principio trimestral, nos mueve un objetivo tan claro como preciso: establecer un nexo entre quienes compartimos tales inquietudes, fijar un "lugar de encuentro" en el que nuestras ideas, ansias y esperanzas puedan plasmarse y difundirse tanto teórica como prácticamente.
El Manifiesto quiere ser ante todo, como se indica en su cabecera, una revista de pensamiento crítico. Tal es nuestro empeño: hacer de estas páginas una gran revista de pensamiento y reflexión, una revista que se convierta en un destacado punto de referencia en el ámbito del pensamiento hispánico. No por ello aspiramos, sin embargo, a los rigores y exhaustividades del discurso universitario. A lo que quisiéramos más bien acercarrnos es a esta confraternidad de la verdad y la belleza que el nombre de "ensayo" califica con propiedad.
Ni de "derechas" ni de "izquierdas"Será éste un lugar de reflexión, pero también de debate y confrontación. Las ideas contenidas en el Manifiesto constituyen el aliento que nos mueve. Pero este aliento se puede y debe respirar de diversas y hasta contrapuestas maneras. Todas ellas tendrán en estas páginas su lugar y su expresión. Resulta ello tanto más hacedero cuanto que, como ya habrá comprendido el lector, es imposible catalogar nuestro empeño con ninguna de las dos destartaladas etiquetas al uso. Si no es ciertamente de "izquierdas" el malestar que nos embarga ante la pérdida de cosas como el arraigo histórico, la grandeza o la belleza, tampoco es desde luego de "derechas" el desasosiego en que nos sumerge un mundo aplastado por la codicia y la rapiña mercantil.
Pero las ideas que nos mueven no sólo tienen que plasmarse teóricamente: también tienen que hacerlo prácticamente. Que nadie, sin embargo, espere encontrar en estas páginas ningún programa de "acción y redención". Pero que tampoco nadie espere encontrar tan sólo quejumbrosos llantos sobre nuestros males. Denunciar y protestar es tan imperativo como impostergable. Pero no basta. Se trata también de buscar alternativas, de imaginar proyectos, de pensar y soñar en cómo sería un mundo en el que se viera enaltecido lo que hoy se ve aplastado. De eso se trata, y de abordar concretamente los más graves desmanes que conozcamos; de llevarlos ante la opinión pública, convencidos como estamos de que propiciar la toma de conciencia por parte de amplios y decisivos sectores de la sociedad es lo más urgente que en este momento podemos y debemos hacer.
En los puntos que componen la Carta de Principios que con el título de "Ecologistas del espíritu" figura en nuestra contraportada, hallará el lector una buena ilustración de cuanto se acaba de apuntar. Como también la encontrará en las páginas en que las cuestiones teóricas se ven ilustradas con los mil casos de desmanes y estupideces -desternillantes algunos; trágicos otros- que la vida cotidiana nos depara con excesiva frecuencia.
Llamamiento a los lectoresQuisiéramos, para concluir, hacer un llamamiento muy especial a nuestros lectores. Un llamamiento no sólo para que habléis ampliamente de la revista entre amigos y conocidos. No sólo para que la adquiráis regularmente (suscribiéndoos quienes queráis sostenerla y aseguraros de recibirla regularmente). No tiene, en efecto, el menor sentido simpatizar con el espíritu del Manifiesto -valga la redundancia- y no implicarse mínimamente adquiriendo la publicación en que dicho espíritu se manifiesta. Pero este llamamiento a nuestros lectores también consiste en recabar vuestras opiniones y comentarios acerca de la revista y de cuanto en ella se exprese. Una amplia sección "Cartas de los lectores" -inhabitual en revistas de esta índole, pero ¿qué es lo que, entre nosotros, no es inhabitual?- estará destinada a recoger vuestras aportaciones y sugerencias. Quisiéramos que, sintiendo esta revista como cosa vuestra, nos hagáis llegar el eco de cuanto aquí se diga o deje de decir. Y por ello, como primicia de dicho eco, adelantamos en este primer número los principales comentarios transmitidos por los adherentes al Manifiesto en el momento en que lo suscribieron.
Al lanzar el Manifiesto contra la muerte del espíritu ignorábamos por completo las reacciones que suscitaría. Al lanzar la revista que lleva su nombre, desconocemos igualmente el futuro que le aguarda. Sabemos que nos acechan mil retos y dificultades. Pero sabemos también que, con la colaboración de todos y el favor de los dioses, se vencerán. Tal es la razón por la que, lanzándonos jubilosos al ruedo, alzamos hoy el telón. ¡Que la fiesta comience!
El gran viraje y el fin de siglo
ABEL POSSEHemos llegado a un punto de estimulante parálisis: el viejo mundo aún no murió y el nuevo no ha empezado a nacer (según la reflexión de Margueritte Yourcenar al referirse a la época del emperador Adriano). Esta situación sintetiza el debate modernidad-posmodernidad. Pero nos confronta no sólo al fin de las ideologías, como tanto se repitió, sino a algo más grave y que es la consecuencia de la muerte de las teorías envejecidas: estamos viviendo el fin de los efectos de esas ideologías. El mundo occidental que se construyó no estalla en hechos notables sino que
implosiona calladamente.*
"Inmediatamente después del desmoronamiento del sistema soviético (que significó la mitad oriental del occidentalismo tecnológico-universalista), se sentía (y se sigue sintiendo) parálisis y desasosiego ante el triunfo de este Occidente. Se siente que se llegó al tiempo de viraje. Pero se quiere virar con la estructura de la Gran Maquinaria casi intacta. Nadie quiere aventuras. En este paradójico filo de navaja sobreviven todavía los políticos vacuos, extrañamente silentes y sin ideas, que soportamos como prácticos de navegación de un río que sabemos se extinguirá en el desierto."
*
"Una ingenua noción de libertad de mercado permitió que el virus se extendiera de forma incontrolable: transmite la moda, lo light, las ideas hechas, fascistiza la contienda democrática al imponer lo aparencial y lo cosmético, difunde la necesidad que perversamente inventa la Gran Maquinaria, crea mercados falsos y
falsos valores."*
"Después del extravío de la guerra de Irak, Europa no puede demorar asumir su centralidad en la cultura occidental. (Aceptando que sin poder militar no podría haber centralidad alguna)."
*"Nueva socialidad, en el sentido de una organización distributiva equitativa y de un concepto y trato hacia la persona que no repare ya en la teórica igualdad, sino más bien en el respeto existencial de las diferencias."
*"El África negra, el Pacífico asiático, China, India, el mundo islámico, Iberoamérica, son en realidad grandes espacios preservados. Espacios culturales que han sobrevivido mal o bien al impacto de las colonizadoras propuestas de los bien pensantes de la Modernidad."
*"España, Portugal, América Latina, la latinidad toda, no han sido más que el furgón de cola de la modernidad. Dentro del vasto y variado Occidente, el Mediterráneo católico-romano fue desplazado en el curso de los tres siglos de la llamada modernidad por el Occidente nórdico, protestante y ahora predominantemente anglosajón, en el que la noción calvinista de eficacia lucrativa, como señal de salvación, prevalecía. Esta ilusión está hoy metafísicamente agotada."
*
"Occidente, francamente dominado por los anglosajones a partir de 1945, quiso creer que con sus democracias municipales y las libertades de entrecasa del hombrecillo modelo, podía sustituir los dioses de la pasión greco-latina y de aquella cristiandad apasionada de las catedrales, de los cátaros, de Dante y las guerras de conquista universal. Occidente se intoxicó de ciudadanos y de consumidores (las dos dimensiones de una política y una economía de gallinero)."
*"Hoy el Occidente desespiritualizado, con su hedonismo de supermercado y su egoísmo que excluye del bienestar a cuatro de cada seis habitantes de la tierra, tiene que reabsorber desde la cultura europea la metástasis anglosajona que demuestra en Irak su derrota ante la espiritualidad islámica. Occidente debe reconstruirse desde sus dioses perdidos que nada tienen que ver con la melancolía burocrática de la Bruselas o la Estrasburgo de los burócratas que temieron incluir el nombre de su madre, la cristiandad, en la Constitución que regirá la nueva reunión de municipios."
Reivindicando la contemplaciónEUGENÍO TRÍAS
Ahí donde arrecia el peligro -decía Hölderlin-, ahí también crece la posibilidad de que surja la salvación. Ahí donde la devastación espiritual nos sume en una situación de "encefalograma plano"; es decir: ahí donde nos hundimos en "el pasivo y cansino nihilismo imperfecto" que denunciaba Nietzsche, "ahí también -apunta Eugenio Trías- pueden surgir nuevos horizontes de estimación y valor". ¿Cómo? A través, sin duda, de otra forma radicalmente distinta de enfocar el nihilismo, de asumir la nada -la ausencia de todo ente positivo y determinable- en que se funda el ser. Pero ¿cómo se encauza, cómo se conforma tal cosa? He ahí la cuestión. Una cuestión que, esbozada aquí, queda abierta de par en par -como abiertas le quedan las páginas de nuestros próximos números.
"No basta hablar de pensamiento único, lo cual supone al menos que, aunque único, haya tal cosa como pensamiento. Lo que día a día se impone en el escenario político, cultural, mental, es la carencia más llamativa de cualquier atisbo de lo que por "pensamiento" puede entenderse. Basta un paseo por cualquier gran Feria de Libros para percatarse de ello."
*
"En nuestros tiempos se impone reivindicar para el gozo común, y como verdadera superación de las dicotomías del trabajo y del ocio, una vida contemplativa que debiera servir de acicate a nuestra búsqueda de Buena Vida. Esa vida contemplativa está muy por encima de otros importantes goces; lo sabían los griegos, que eran particularmente sabios en asuntos de Saber Vivir."
Así NO fue
JAVIER RUIZ PORTELLA
Reivindicar la memoria histórica. O lo que es lo mismo: dejar de renegar de nuestros muertos, afirmarnos como herederos, dejar de imaginarnos como seres surgidos por "generación espontánea". Saber, en suma, que vamos a morir, sí, pero que nuestra memoria colectiva perdurará. Y entonces respirar: liberarnos del marasmo nihilista en que nos sume el puro presente -ese presente en el que la modernidad, repudiando el pasado, cree poder arraigarse. ¡Como si algo pudiera arraigar en el presente: en ese flujo de tiempo que no hace sino fluir y pasar!Arraigarse el pasado: no en las sombras de una nostalgia carente de sentido, sino en lo que, habiendo marcado el mundo, lo sigue -por activa o por pasiva: por rememoración o por repudio- marcando hoy: tal es lo que pretende esta sección dedicada a la Historia -la gran ausente de nuestros tiempos. Y, haciéndolo, buscar la verdad, luchar contra las tergiversaciones y engaños que corroen nuestro visión de lo que fue.
¿Fue, por ejemplo, la Edad Media esa época cuyo "oscurantismo y tinieblas" se ha convertido en el más socorrido lugar común? ¿Era la vida en el Antiguo Régimen todo lo estrecha y mísera que le puede parecer al hombre actual? ¿Fueron Grecia y Roma períodos marcados exclusivamente por el esplendor artístico de la primera, y político de la segunda? ¿Es la historia de España la de ese país tiránico y lóbrego que la leyenda negra pretende y que tantos españoles afirman hoy?
Preguntas no faltan. Abordarlas con el máximo rigor es el empeño de esta sección. En ella no se vilipendiará el pasado. Pero tampoco se le glorificará. No hay que caer -y aquí no caeremos- en la nostalgia "pasadista" por la Arcadia perdida que nunca nadie conoció. Pero tampoco hay que caer en el "progresismo": esta visión que concibe el tiempo como una flecha que, despegada de la memoria, se lanza recta hacia el futuro, avanza hacia el "progreso", prosiguiendo esa imparable marcha en la que arrasa ancestros, arraigos, identidades Como si, al nacer, los hombres apareciéramos en el mundo por primera vez.
La libertad de costumbres en el Antiguo Régimen
RODOLFO VARGAS RUBIO
Antes de que la burguesía se adueñara del mundo, ¿constituía la sociedad del Antiguo Régimen ese mundo hosco, mojigato, sexualmente represivo que se imagina el hombre moderno? Todo lo contrario. Es una "sociedad alegre, corrupta, desenfadada y tolerante" la que nos muestra este artículo. Una sociedad alzada sobre la duplicidad: al tiempo que proclamaba las púdicas normas de la moral sexual cristiana, toleraba, si es que no facilitaba, su desenfrenada y gozosa trasgresión.
"Al amparo del carnaval todas las licencias estaban permitidas. El carnaval fue especialmente vivido en Venecia, más proclive al lujo, al refinamiento y al desenfreno. En Venecia el carnaval adquirió proporciones desmesuradas. Llegó a durar unos seis meses al año. La ciudad era una continua fiesta. Se disfrazaban o se enmascaraban todos: desde el Dux hasta el último familiar de la Inquisición véneta. todo estaba permitido, sin restricciones ni censuras."
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"El hecho de que la Reina se encontrara en la cama con otra mujer era considerado natural dada la familiaridad íntima admitida entre mujeres."
En favor de César Borgia
ÁLVARO MUTIS
¿Hay un ecologismo sensible a lo espiritual?JUAN RAMÓN SÁNCHEZ CARBALLIDO
A primera vista, las preocupaciones ecologistas son un ámbito vedado a la experiencia espiritual. Sus intereses se centran en el cálculo, la planificación, los modelos y las previsiones estadísticas de los impactos medioambientales como medio para racionalizar nuestra interacción con la naturaleza. Oponiéndose a tal planteamiento, este trabajo nos permite atisbar la posibilidad de un ecologismo sensible a lo espiritual, donde los elementos suprarracionales de la realidad ocupan una destacada posición, al tiempo que el reconocimiento de esta dimensión se transforma en una de las más ventajosas posiciones para la conservación del entorno.
"El ecologismo integral exige la presencia de la dimensión espiritual del hombre y, en rigor, el pensamiento izquierdista es un enemigo declarado de dicha dimensión."*
"Para la derecha 'liberal' la dimensión espiritual se reduce poco más que a una coartada soteriológica para ennoblecer en alguna medida el arte de los negocios. Y por lo que hace a su sensibilidad ecologista, ésta es sencillamente nula."
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"El ecologismo integral asume los presupuestos del ecologismo básico, racional, y los complementa a partir de la toma de conciencia de la dimensión espiritual del ser humano."
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"El ecologismo integral plantea una reivindicación de la naturaleza en función del poder de evocación que ésta ejerce sobre los misteriosos resquicios del alma humana."
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"La versión fuerte del ecologismo integral pretende que no hay un entorno natural mejor conservado que el de aquellos lugares que son tenidos por sagrados."
El burgués: paradigma del hombre moderno
ALAIN DE BENOISTLa burguesía no surgió por un desarrollo "natural" del mercado. Surgió porque se impuso una concepción radicalmente nueva del mundo y del individuo, de lo justo y lo injusto, de lo dichoso y lo desdichado. El dinero como tal jamás había sido lo primero. Sólo un desdichado, se pensaba antes de la modernidad, podía anhelar la ganancia por la ganancia. "La dicha de los hombres -proclamará por el contrario Antoine de Montchrétien en el siglo XVII- consiste, por encima de todo, en la riqueza". El mundo se convierte entonces en una cosa repleta de cosas. Cosas evaluables y calculables. Cosas que tienen un precio, que no valen por sí mismas. Cosas y precios que arrasan los antiguos valores: honor, gratuidad, belleza, coraje, don de sí El lucro y la utilidad los remplazan. Sólo cuenta lo que se puede contar. Pero lo que cuenta -hoy, cuando todos nos hemos vuelto burgueses- no es sólo lo que cuentan unos cuantos. Contar, todos cuentan y tal vez por ello parezca que todos cuentan por igual: los de arriba y los de abajo, los poseedores y los desposeídos. El crecimiento ilimitado de la producción se ha convertido -para todos los contadores- en el objetivo central de la vida humana. Tal vez, para salir de semejante marasmo, fuera conveniente -concluye Alain de Benoist- restaurar a la vez las dos clases que, derrotadas por la burguesía, han dejado definitivamente de contar: la aristocracia y el pueblo.
"Se divorcian [en el capitalismo] el espíritu y la materia, lo divino y lo mundano, el cosmos y la vida. El mundo, ya "desencantado", se transforma en un objeto del que es posible apoderarse mediante la actividad racional, en un objeto al que se puede "arrasar". El mundo se convierte en una cosa repleta de cosas."
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"En un mundo transformado en objeto, el hombre está llamado a convertirse él mismo en una cosa."*
"Cualquier economía capitalista tiene la obligación de trabajar más allá de las necesidades para suscitar constantemente otras nuevas. Se tiene, pues, que cambiar el mundo creando en él constantes novedades. Lo óptimo se reduce entonces a lo máximo, lo mejor se confunde con lo más. Obsesión del trabajo,
del cambio incesante."*
"Es en el mundo anglosajón, estimulado por el calvinismo y el puritanismo, donde van a desarrollarse con mayor pujanza las virtudes del burgués chapado a la antigua: aplicación, ahorro, frugalidad, templanza, espíritu de orden y de cálculo. Virtudes que pretenden ante todo eliminar la fantasía, lo aleatorio, la pasión,
la gratuidad."*
"Hoy más que nunca nos son radicalmente ajenos el gusto por lo inútil, la gratuidad, el sentido del gesto, el gusto por el don; en suma, todo lo que podría dar a la presencia en el mundo una significación que sobrepasara la mera existencia individual."
La ciencia y lo sagradoJOSÉ JAVIER ESPARZA
El mundo antiguo subordinó la exploración física el mundo a la imagen de lo sagrado, generalmente bajo forma de religión. El mundo moderno invirtió el proceso y subordinó la religión y lo sagrado a los dictados de la ciencia física. Así la ciencia y lo sagrado aparecieron como enemigos inconciliables. Hoy, sin embargo, es posible reconstruir cierto diálogo: la física de partículas, la cosmología, la neurología o la microbiología aportan indicios que permiten descubrir un sentido general en el universo. Un sentido que despierta un tipo de reverencia similar a la que caracteriza a lo sagrado. Este texto se propone señalar los pasos de este diálogo. Y señalar los límites donde la física debe dejar paso a la metafísica.
Aún queda esperanzaJAVIER RUIZ PORTELLA
La única crítica que en alguna rara ocasión se ha podido oír contra el Manifiesto es la del carácter "apocalíptico" que caracterizaría nuestra visión de las cosas. Como si nos empeñáramos en ver el mundo más negro de lo que es, como si nos autocomplaciéramos en las miserias que nos rodean. Ni que decir tiene que calificar un discurso -el que sea- de "apocalíptico" es algo que carece de sentido. No es el discurso lo que importa: lo único que puede (o no) ser apocalíptico es la realidad sobre la que versa el discurso. Lo único que importa es esta sencilla pregunta: ¿es nefasta o halagüeña, apocalíptica o risueña la realidad que nos envuelve? Demuéstresenos que es risueña, pruébese que son falsos los hechos que el Manifiesto denuncia (la fealdad, el sinsentido, la absurdidad de una existencia entregada al simple mantenimiento material), y enarbolaremos complacidos la sonrisa que todo hombre público y todo actor publicitario (valga la redundancia) lleva pegada en su faz.Pero que nadie diga que nos autocomplacemos en los infortunios que padecemos. ¡Que más quisiéramos que poder enarbolar una amplísima lista de hechos que ennoblecieran nuestra alma y dieran sentido a nuestra existencia! Y puesto que lo quisiéramos , vamos a tratar de hacerlo. En la medida de lo posible, por supuesto, y aunque la medida sea más que limitada. Como contrapunto de nuestra sección Dardos contra el espíritu, presentamos esta otra rúbrica de signo opuesto. En la misma se informará de todos aquellos hechos, acontecimientos, iniciativas, obras artísticas que, alentando nuestro ánimo, nos den razones de esperanza, por más que muchos de ellos consistan -como ocurre en los que a continuación comentamos- en una reacción, en una protesta, en un malestar.
No será fácil encontrar tales informaciones: nos tocará hacer como Diógenes y rastrear el mundo armados de un candil. Por ello recabamos el concurso de todos nuestros amigos y lectores, a quienes rogamos nos comuniquen cualquier hecho, cualquier iniciativa que, a su juicio, merezca ser resaltada en esta sección.
Anima mundi
Dos semanas en el paraísoFERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
PRIMERA SEMANA
Lunes
Y la luz se hizo
¿Quién inventó la patraña de que la perfección no es de este mundo? Alguien, supongo, nacido y muerto en cualquiera de las grandes ciudades de Occidente con posterioridad al primer vagido de la revolución francesa y al primer golpe de biela de la revolución industrial.
Muchas veces -quizá demasiadas- he aludido al zafarrancho de Apocalipsis general que nos tiene y nos mantiene en atosigante estado de sitio e inclusive, a menudo, me he atrevido a vaticinar la inminencia del Fin de los Tiempos. Hoy, en justa contrapartida, apagaré con los claros clarines de la creación el bronco estrépito de las trompetas del Último Juicio y colocaré la primera piedra -o el primer renglón- de dos inefables semanas vividas a fondo en el ámbito del paraíso.
Secciones: crítica de cine y libros, Dardos contra el espíritu, Caperucita Roja en
versión políticamente incorrecta y otras.